Problemas sexuales

Es de esperar que la dificultad que se afronta, de un modo u otro, se resuelva”

 

La sexualidad es un instinto primario de los seres vivos, un elemento consustancial a la vida, que comienza a ejercer su influjo en el útero materno y no lo finaliza hasta la muerte del individuo. La sexualidad, por tanto, evoluciona a lo largo del tiempo vital del ser humano, modificándose con el modo en que la persona la experimenta y expresa en cada etapa.

Pero la sexualidad, fuente primaria de placer y bienestar, que nos permite comunicarnos y expresar nuestra afectividad, se ve muy condicionada por la cultura en la que vivimos. El medio socio-cultural en el que nos desenvolvemos educa a sus individuos en el “modo correcto” de experimentar y expresar la sexualidad, como también determina el desarrollo de dificultades y/o patologías vinculadas a los principios trasmitidos.

A pesar de esta tendencia social a uniformizar a sus individuos, cada uno de nosotros desarrolla un modo personal de vivir la propia sexualidad, por lo que actualmente, más que de sexualidad, se habla de sexualidades.

Por otra parte, las prácticas sexuales comúnmente aceptadas cambian de una cultura a otra, y también dentro de una misma comunidad con el paso del tiempo. De este modo, prácticas sexuales que hasta hace pocos años se consideraban intolerables, hoy forman parte del repertorio erótico “normal” de muchas personas.

Los trastornos sexuales a menudo tienen un origen psicológico. Lo más habitual es que aparezcan asociados a la alteración de la respuesta sexual en una o más de sus fases. Entre otras, son frecuentes las dificultades asociadas a la ausencia de deseo sexual, pero también puede darse un exceso del mismo; puede haber dificultad para mantener la erección, o tener eyaculaciones más rápidas de lo deseado; puede ocurrir que la persona (generalmente la mujer) no pueda experimentar el orgasmo, o que experimente dolor, en vez de placer…

Sea como fuere, tenemos derecho a vivir plenamente nuestra sexualidad y, siempre que cuidemos de nosotros mismos y de nuestra pareja sexual, si la tenemos, siempre que nos respetemos y respetemos al otro, tenemos el derecho de vivirla como más nos satisfaga. Como dice Rosa Montero en un articulo relacionado “la sexualidad es una aventura de descubrimiento personal. Y el camino para ello no son nuestros genitales, sino nuestro cerebro”. Tener esto en cuenta nos permitirá considerar al otro con el debido respeto, cuidarle y cuidarnos, con independencia de que se trate de una relación esporádica o permanente.

Si descubres que tienes una dificultad de tipo sexual, apoyarte en la psicología será una decisión acertada. Si lo deseas, puedo ayudarte a analizar tu situación y a valorar cual es el origen del problema y, si éste es psicológico, a encontrar una vía adecuada para resolverlo.

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