Violencia de género

No he de callar, por más que con el dedo ya tocando la boca o ya la frente, silencio avises o amenaces miedo”

Francisco de Quevedo

La ONU se refiere a la VIOLENCIA DE GÉNERO como aquella se ejerce sobre las mujeres por el mero hecho de serlo. Es ejercida por los hombres, con el respaldo de una sociedad que legitima y sustenta la desigualdad estructural de hombres y mujeres.

La violencia de género es un fenómeno que se da en todos los grupos de edad, todas las clases sociales, todos los niveles de formación intelectual, todas las posiciones económicas, sin que exista un perfil predefinido de hombre maltratador. Tampoco hay un perfil de mujer, previo a su condición de víctima, que la haga susceptible de sufrir este tipo de violencia pero, una vez victimizada, la mujer desarrolla una serie de características comunes a todas las víctimas. Por tanto, es importante no confundir la personalidad de la mujer con las características que desarrolla una vez victimizada, pues estaríamos confundiendo causas con consecuencias.

La V. G. se produce por acción y/u omisión, pudiendo ser física, psíquica y sexual, al igual que la mayoría de los cuadros lesionales de la traumatología forense. Pero, con independencia de la forma que adopte, la violencia ocasiona lesiones físicas y siempre psíquicas.

El maltrato se asocia con vulnerabilidad a enfermedades o problemas de salud. Cada vez es más frecuente la investigación que asocia la victimización por violencia con la presencia de enfermedades y trastornos físicos crónicos en las mujeres víctimas. Las consecuencias físicas son diversas: dolor sin lesiones, heridas, disfunciones permanentes o discapacidad, problemas graves de salud, recrudecimiento de enfermedades crónicas (diabetes, asma, hipertensión) y, en general, vulnerabilidad a enfermedades y al estrés. En algunos casos, los golpes no producen un efecto inmediato, sino demorado, apareciendo el deterioro después de años en forma de déficits neurobiológicos que tienden a pasar inadvertidos.

En la V. G. el daño psicológico es inevitable. Es a menudo un daño invisible que, precisamente por ello, suele pasar inadvertido incluso para la propia víctima. Si bien, por su carácter irreversible, el daño más grave es la muerte de la mujer por asesinato o por suicidio, el daño invisible es devastador, pues quiebra el espíritu de la mujer; sus secuelas son tan severas que es frecuente el desarrollo de psicopatologías graves que muchas veces son irreparables y/o tienen un curso crónico.

Según la OMS, las mujeres maltratadas por su pareja padecen más depresión, ansiedad y fobias que las no maltratadas. Además presentan mayor riesgo de intentos y/o muerte por suicidio y tienen entre 4 y 6 veces más posibilidades de necesitar tratamiento psiquiátrico.

Pero TÚ no estás sola. No permitas que ocurra una segunda vez. Si necesitas ayuda, te puedo acompañar, apoyar, orientar, sostener y fortalecer cuando sientes el dolor, el desconcierto, el peso de una culpa que no te corresponde, el desconsuelo y la soledad que produce el hecho de que quien te debiera querer y cuidar te anula y te destroza.

Recuerda que “El viaje más largo comienza con un primer paso”

 

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