Mucha gente llega buscando un test de burnout y lo que tiene es estrés. También ocurre al revés, y ese caso preocupa bastante más, porque suele llevar años instalado antes de que nadie le ponga nombre. El estrés es una respuesta. Aparece una demanda, el cuerpo se activa, y cuando la demanda pasa el sistema vuelve a su sitio. Puede ser agotador y puede durar meses, pero conserva esa lógica de subida y bajada. El burnout empieza cuando la bajada deja de llegar. La Organización Mundial de la Salud lo define como consecuencia de un estrés laboral crónico que no se ha gestionado con éxito, y lo describe con tres piezas: agotamiento, distancia mental respecto al trabajo y una sensación de eficacia profesional que se viene abajo. Las tres a la vez. Esa es la parte que casi ningún cuestionario de internet recoge, y es justo la que distingue a alguien que está pasando una mala racha de alguien cuyo trabajo ha dejado de ser sostenible. La primera es el agotamiento, y es la que todo el mundo reconoce. Cansancio que no se arregla durmiendo. Domingos por la tarde que ya duelen. La sensación de empezar la semana con la batería al veinte por ciento. La segunda es la distancia emocional. Cuesta más explicarla porque no duele igual. Es dejar de implicarse. Hacer el trabajo en automático, volverse más seco con los compañeros, notar que aquello que antes te importaba ahora te da bastante igual. Mucha gente lo vive con culpa, como si fuera un defecto de carácter, cuando en realidad es una de las formas que tiene la cabeza de protegerse cuando lleva demasiado tiempo dando de sí. La tercera es la eficacia profesional, y suele ser la última en caer. Uno empieza a dudar de si lo está haciendo bien, se compara peor, tarda más en cosas que antes resolvía solo. Cuando esta pieza también cede, el desgaste ha dejado de ser algo que te pasa en el trabajo y ha pasado a ser algo que te pasa a ti. Se pueden tener las tres, dos o una sola. No es lo mismo, y por eso esta calculadora las mide por separado en lugar de sumarlas en un porcentaje. Sería más fácil de enseñar y se compartiría mucho mejor. El problema es que no significaría nada. Para dar un número único habría que decidir cuánto pesa el agotamiento frente al cinismo, y cuánto pesan los dos frente a la eficacia. Esa decisión no está en la literatura científica: nos la estaríamos inventando. Un "73 % de burnout" tiene la apariencia de una medida y la solidez de una encuesta de revista. Lo que sí se puede hacer con cierto fundamento es mirar la forma del conjunto. Dos personas con el mismo cansancio pueden estar en situaciones opuestas según a qué lo atribuyan y según cómo tengan el vínculo con su trabajo. La calculadora devuelve cinco medidas separadas y luego describe qué patrón dibujan entre ellas. Cada dimensión sale con tu propia banda: baja, moderada o alta. Son bandas orientativas para ordenar la lectura, no puntos de corte clínicos, y así están señaladas en la página de resultados. Después el patrón se compara con un conjunto de reglas explícitas y se te asigna uno de siete perfiles. Los tienes todos descritos más abajo, con lo que significa cada uno y qué conviene hacer. Puedes leerlos sin responder nada. La eficacia profesional se lee al revés que las demás: ahí la barra llena es la buena noticia. No puede diagnosticar. Ni burnout, ni ansiedad, ni depresión, ni nada. La OMS clasifica el burnout como fenómeno ocupacional y no como enfermedad, así que técnicamente no hay un diagnóstico de burnout que dar. Y el agotamiento, el desánimo y la falta de concentración aparecen igual en un cuadro depresivo, en un problema de sueño, en una anemia o en un hipotiroidismo. Distinguir entre esas cosas requiere a alguien que te escuche, no un formulario. Lo que sí puede hacer es ponerle nombre a lo que notas y darte un mapa para explicarlo, ya sea en una consulta o en una conversación con tu jefe. Que no es poco, pero conviene saber dónde está el límite. Si al responder has marcado que has tenido pensamientos de hacerte daño, esto pasa a un segundo plano. En España tienes el 024, gratuito y disponible las veinticuatro horas, y el 112 si el riesgo es inmediato. Estos son todos los resultados posibles de la calculadora. Los publicamos enteros por dos razones: porque así puedes leerlos sin responder nada, y porque una herramienta que sólo enseña las cartas después de jugar merece menos confianza. Describes un nivel de estrés manejable y un grado de agotamiento que no destaca. Tu vínculo con lo que haces y tu sensación de eficacia se mantienen. Conviene leerlo como una fotografía del momento, no como un certificado. Un resultado bajo no descarta que existan dificultades: hay malestares que este cuestionario sencillamente no mide, como la ansiedad, el estado de ánimo, un duelo, las dificultades de pareja o los problemas de sueño. Un resultado sin indicadores destacados no invalida lo que tú notes. Si hay algo que te preocupa y no aparece reflejado aquí, sigue siendo un motivo legítimo de consulta. Estás viviendo tu día a día como algo imprevisible, exigente o difícil de controlar. Eso tiene un coste real, y sostenido en el tiempo se paga. Ahora bien, no aparece el patrón que la OMS describe como burnout: tu agotamiento no se ha cronificado, mantienes el vínculo con lo que haces y conservas la sensación de ser eficaz. Esa diferencia importa, y es una buena noticia. El estrés y el burnout no son lo mismo. El estrés es la respuesta a una demanda; el burnout es lo que puede quedar cuando esa demanda se prolonga durante mucho tiempo sin recuperación suficiente. Tu perfil corresponde al primero, que es el momento en el que resulta más fácil intervenir. Si el estrés lleva meses instalado, te está afectando al sueño o al cuerpo, o notas que tus estrategias de siempre han dejado de funcionar, una consulta puede ahorrarte el recorrido largo. Describes un cansancio físico y emocional importante, con dificultad para recuperarte incluso después de descansar. Sin embargo, cuando te hemos preguntado específicamente por tu trabajo, la atribución ha sido bastante menor. Ese matiz es clínicamente útil, porque orienta hacia otras posibilidades que conviene descartar antes de dar por hecho que la causa es laboral. Entre las más frecuentes: sueño de mala calidad, causas médicas (tiroides, anemia, déficits nutricionales, dolor crónico), una carga de cuidados que no se contabiliza, un duelo, o un estado de ánimo bajo que se manifiesta sobre todo como cansancio. Un agotamiento persistente que no mejora con descanso merece, como mínimo, una revisión médica. Si el agotamiento se acompaña de falta de ganas, de dificultad para disfrutar de lo que antes te gustaba o de llanto fácil, conviene valorarlo con un profesional: el cansancio es una de las formas más frecuentes en que se presenta un estado de ánimo bajo. Estás agotado/a y, al preguntarte de forma específica, atribuyes buena parte de ese agotamiento a tu actividad laboral. Es justo el punto en el que el estrés laboral empieza a dejar de ser sólo estrés. Lo que aún no aparece con la misma intensidad es el distanciamiento emocional o la pérdida de eficacia. Dicho de otro modo: sigues enganchado/a a lo que haces, o sigues sintiéndote capaz. Ese margen es precisamente donde una intervención suele dar mejores resultados. La OMS describe el burnout como consecuencia de un estrés laboral crónico que no ha sido gestionado con éxito. La palabra importante ahí es "gestionado": describe un proceso, y los procesos se pueden interrumpir. Si llevas meses así, si has empezado a notarlo los domingos por la tarde o si tu descanso ya no te repone, es un buen momento para consultarlo. Intervenir en esta fase suele evitar el cuadro completo. Aparecen simultáneamente un agotamiento importante que vinculas a tu trabajo, una distancia emocional creciente respecto a lo que haces y una sensación reducida de eficacia profesional. Es el patrón completo, no una parte de él. Esto no es un diagnóstico, y este cuestionario no puede dártelo. Lo que sí indica es que tu situación laboral, en las condiciones actuales, ha dejado de ser sostenible, y que el desgaste ha llegado a afectar a cómo te ves a ti mismo/a trabajando. Conviene saber dos cosas. La primera: llegar hasta aquí no dice nada malo sobre tu capacidad ni sobre tu resistencia; de hecho, el burnout aparece con especial frecuencia en personas implicadas y exigentes consigo mismas. La segunda: rara vez se resuelve solo, porque las condiciones que lo han producido suelen seguir exactamente donde estaban. Con este patrón, nuestra recomendación es clara: habla con un profesional. No porque tengas un trastorno, sino porque salir de aquí sin ayuda es innecesariamente lento y, con frecuencia, no ocurre. La OMS es explícita en este punto: el burnout es un fenómeno ocupacional y el concepto no debe aplicarse a otras áreas de la vida. Por eso no te hemos mostrado las secciones sobre el trabajo ni te ofrecemos un perfil de burnout: no sería aplicable a tu situación, y dártelo de todos modos sería un error. Lo que sí hemos medido es tu nivel de estrés percibido y tu grado de agotamiento personal. Ambos son informativos por sí mismos y no necesitan un contexto laboral para tener sentido. Si tu estrés o tu agotamiento aparecen como elevados en el resumen de arriba, y llevan tiempo así, conviene valorarlo con un profesional. Te has desconectado de lo que haces, o has dejado de sentirte eficaz haciéndolo, y sin embargo no aparece un cansancio importante detrás. Esa combinación es informativa precisamente por lo que le falta: el burnout, tal y como lo describe la OMS, arranca del agotamiento, y aquí el agotamiento no está. Suele apuntar a otra cosa: un trabajo que ha dejado de tener interés o recorrido, un puesto por debajo de tus capacidades, un choque entre tus valores y los de la organización, falta de reconocimiento, o simplemente el final natural de una etapa profesional. Se vive con frecuencia con culpa, porque no hay un cansancio evidente que lo justifique. No hace falta estar agotado para que un trabajo haya dejado de encajar. Si la desconexión se ha extendido a otras áreas de tu vida, si te genera un malestar persistente o si lleva meses dando vueltas a la misma decisión sin poder tomarla, una consulta puede ayudarte a ordenar el panorama. El perfil que te salga depende de cómo se combinen tus cinco dimensiones, no de una puntuación total. Cada bloque del cuestionario mide una cosa distinta. Estas son, en el mismo orden en que aparecen. La última sólo se muestra a quien indica que atiende a pacientes, clientes, usuarios o alumnos, porque ese desgaste tiene entidad propia y conviene mirarlo aparte. Cómo has vivido el último mes Estas preguntas no van sobre tu trabajo, sino sobre tu vida en general. Miden hasta qué punto has sentido que las cosas eran imprevisibles, incontrolables o excesivas. Tu nivel de agotamiento, venga de donde venga Ahora nos interesa cuánto cansancio físico y emocional arrastra, sin atribuirlo todavía a ninguna causa concreta. Cuánto de ese cansancio atribuyes al trabajo Esta es la pregunta que separa el estrés del burnout. No es "estás cansado?", sino "cuánto de tu cansancio tiene que ver específicamente con tu trabajo?". Tu vínculo con lo que haces La OMS describe el distanciamiento mental como una de las tres dimensiones del burnout: no solo cansancio, sino desconexión de la propia actividad. Cómo te ves a ti mismo/a trabajando La tercera dimensión del marco de la OMS. Es importante porque una persona puede estar muy agotada y conservar intacta la sensación de que hace bien su trabajo. En esta escala, una puntuación alta es una buena señal. El desgaste de atender a otras personas Has indicado que atiendes a pacientes, clientes, usuarios o alumnos. En profesiones de este tipo el desgaste tiene un componente propio que conviene mirar por separado. Esta herramienta se apoya en dos instrumentos de investigación consolidados y en un marco conceptual: la Perceived Stress Scale (PSS) de Cohen, Kamarck y Mermelstein para el estrés percibido; el Copenhagen Burnout Inventory (CBI) de Kristensen y colaboradores para el agotamiento personal y el relacionado con el trabajo; y la definición de burnout de la Organización Mundial de la Salud, que lo describe mediante tres dimensiones: agotamiento, distancia mental o cinismo respecto al trabajo, y reducción de la eficacia profesional. Los ítems de este cuestionario son de elaboración propia. Miden los mismos constructos, pero no reproducen la redacción de la PSS ni la del CBI. En consecuencia, las puntuaciones que obtenga aquí no son puntuaciones PSS ni CBI y no son comparables con los baremos publicados de esos instrumentos. Preferimos decirlo con claridad antes que presentar como validado algo que no lo está. Las bandas (bajo, moderado, alto) son orientativas y sirven para ordenar la lectura del resultado. No son umbrales diagnósticos ni puntos de corte clínicos. La interpretación se basa en el patrón entre las cinco escalas, no en una puntuación única combinada: no existe base científica para fundir estrés, agotamiento, distancia y eficacia en un solo número, y hacerlo daría una apariencia de precisión que el instrumento no tiene. La OMS clasifica el burnout en la CIE-11 como un fenómeno ocupacional, no como una condición médica, y señala expresamente que el concepto no debe aplicarse a experiencias de otras áreas de la vida. Por esa razón, quien indica que no trabaja no recibe un perfil de burnout. Si el resultado te ha encajado y llevas tiempo así, hablarlo con un profesional acorta mucho el camino. No porque tengas un trastorno, sino porque salir de un desgaste laboral sin ayuda es lento y a menudo no ocurre: las condiciones que lo produjeron siguen donde estaban. En Psicocentro Alcázar llevamos más de veinte años trabajando con estrés, ansiedad y desgaste profesional, presencialmente en Alcázar de San Juan y también en consulta online.Calculadora de estrés y burnout laboral
Estrés y burnout no son lo mismo
Las tres piezas del burnout, una por una
Por qué aquí no hay una nota sobre 100
Cómo se lee el resultado
Lo que esta calculadora no puede hacer
Los siete perfiles de resultado
Sin indicadores destacados
Tus respuestas no muestran un estrés percibido elevado ni el patrón asociado al burnout ocupacional.
Qué puedes hacer
Cuándo hablar con un psicólogo
Estrés elevado, sin patrón de burnout
Tus respuestas indican un estrés percibido elevado, pero no muestran el cuadro característico del burnout ocupacional.
Actuar mientras el estrés todavía es estrés
Cuándo hablar con un psicólogo
El agotamiento es la señal principal
Lo que más destaca en tus respuestas es el agotamiento, y no parece proceder principalmente de tu trabajo.
Qué conviene descartar primero
Cuándo hablar con un psicólogo
El trabajo aparece como contribuyente principal
Tus respuestas indican un agotamiento importante que asocias claramente con tu trabajo, aunque todavía no aparece el cuadro completo del burnout.
Intervenir antes de que el cuadro se complete
Cuándo hablar con un psicólogo
Patrón compatible con burnout ocupacional
Tus respuestas muestran, a la vez, las tres dimensiones con las que la OMS describe el burnout ocupacional.
Qué conviene hacer ahora
Cuándo hablar con un psicólogo
Tu resultado, sin la parte laboral
Has indicado que actualmente no trabajas ni estudias, así que hemos valorado tu estrés percibido y tu agotamiento, pero no el burnout.
Qué puedes hacer
Cuándo hablar con un psicólogo
Desvinculación del trabajo sin agotamiento marcado
Tus respuestas muestran distancia emocional respecto a tu trabajo, o una sensación de eficacia disminuida, pero sin el agotamiento que caracteriza al burnout.
Qué merece la pena mirar
Cuándo hablar con un psicólogo
Las dimensiones que se miden
Estrés percibido
Agotamiento personal
Agotamiento relacionado con el trabajo
Distancia emocional del trabajo
Eficacia profesional
Agotamiento en el trato con personas
En qué se apoya
Metodología y fuentes
En qué instrumentos se apoya la herramienta, qué no son sus puntuaciones y de dónde sale cada cosa.
Referencias
Y ahora qué?
Calculadora de Estrés