Hace unos meses escuché a una mujer de casí cuarenta y dos años, de La Soledad, en Psicocentro Alcázar decir algo que me ha quedado pensando: no tiene un problema serio, Carmen, es que no se identifica con la vida que lleva. No tiene ninguna enfermedad diagnosticada, ni ningún trastorno psicológico. Simplemente tiene la sensación de estar viviendo una vida que no ha elegido ella. Y esto ocurre mucho más de lo que pensamos, de hecho es precisamente para lo que sirve el trabajo de desarrollo personal desde el punto de vista de la psicología.
¿Qué es exactamente el desarrollo personal?
No se trata de leer libros de autoayuda, ni de decirnos cosas positivas frente al espejo. Tampoco es sólo para personas con problemas muy grandes, ni pedir ayuda a un profesional indica falta de fortaleza.
Desde la psicología, el desarrollo personal es el camino que recorre una persona para comprender cómo es ahora mismo, darse cuenta de qué necesita cambiar y, por supuesto, trabajar de forma organizada para conseguirlo. La Asociación Americana de Psicología conecta directamente esto con la resiliencia y la capacidad de adaptarnos, que son cosas que se pueden entrenar, no características fijas que tenemos. Para empezar, eso sí, hace falta ser sincero consigo mismo: reconocer qué te impide avanzar, qué tienes que te ayuda y en qué dirección quieres moverte.
¿Qué te impide crecer, o te dificulta el crecimiento?
Cuando estoy con alguien en consulta, haciendo la primera valoración para desarrollo personal, utilizo el análisis funcional como si fuera una herramienta para analizar la situación. No para poner etiquetas, sino para entender el patrón: qué cosas te producen malestar, qué pensamientos tienes entonces, qué comportamientos repites aunque sepas que no te ayudan. Los obstáculos que surgen en este análisis no son únicos ni son un misterio. Los más frecuentes son los siguientes.
El miedo a no estar a la altura
"¿Y si lo intento y sale mal?" es una pregunta que repiten muchas personas que vienen a Psicocentro Alcázar. Normalmente detrás de esto hay una forma de pensar muy exigente, o quizás una historia de que le han criticado mucho, incluso de pequeña. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology dice que nuestras creencias sobre si podemos cambiar o no predicen bastante bien si una persona empieza o no a intentar mejorar. No es que no tenga ganas, es que tiene miedo de equivocarse, pero lo disfraza de prudencia.
¿Lo que hemos aprendido de nuestros padres?
Nacemos en una familia, en un ambiente, en una sociedad. Y eso nos da cosas, pero también nos obliga a seguir ciertos guiones. "En mi casa no se comentan los sentimientos". "El trabajo es lo primero". "No seas egoísta". En Alcázar de San Juan, y sobre todo entre quienes han crecido en familias con mucha tradición, mucha gente vive con expectativas de otras personas que nunca se han parado a pensar si son realmente las suyas. No estoy criticando a esas familias, sólo digo que lo que aprendimos de niños no siempre nos sirve cuando somos adultos.
Evitar lo que nos molesta
Cuando algo nos incomoda, lo normal es quitarlo de en medio, no pensar en ello, hacer otras cosas. El problema es que evitarlo funciona a corto plazo, pero el problema empeora con el tiempo. En terapia uso técnicas de exposición gradual y de cambiar la forma de pensar para precisamente eso: aprender a soportar el malestar el tiempo suficiente para que pierda importancia.
¿Cuáles son tus puntos fuertes?
Esta parte del proceso es la que más sorprende a la gente. Casi todos llegan con una lista de lo que quieren cambiar, pero cuando les pido que digan qué cosas tienen para ayudarse a sí mismos, no saben qué decir o cuentan cosas muy generales, como "soy trabajador/a" o "me preocupo por los demás". Las cualidades psicológicas son mucho más concretas. Martin Seligman, uno de los que iniciaron la psicología positiva, y Christopher Peterson encontraron 24 fortalezas del carácter agrupadas en seis virtudes dentro de VIA Character Strengths, no para que nos aferremos sólo a las nuestras, sino para que comencemos a reconocerlas como herramientas que podemos usar conscientemente.
En mi experiencia clínica, el inventario de fortalezas no es lo más importante, sino lo que se habla al comentarlo. Cuando alguien empieza a contar situaciones donde se sintió satisfecho consigo mismo, o cuando recuerda momentos donde las cosas salieron bien, las habilidades de verdad se muestran: la posibilidad de relacionarse con los demás, la persistencia a pesar de las dificultades, ser sincero, tener curiosidad.
Eso no se inventan, ya estaban ahí; sólo necesitaban que se vieran.
¿Qué te gustaría mejorar?
La respuesta a esta pregunta varía mucho de una persona a otra. Por eso, en la primera consulta de evaluación en Psicocentro Alcázar, trabajamos individualmente para definir exactamente qué quieres conseguir y por qué. Estos son las áreas más comunes en el trabajo de crecimiento personal que hago:
Manejo de las emociones
Mucha gente no puede decir exactamente cómo se siente, más allá de "estoy mal" o "estoy nervioso". Trabajar con las emociones empieza por ahí: aprender a identificar cuál es la emoción, de dónde viene y qué mensaje intenta transmitir. La Organización Mundial de la Salud considera la inteligencia emocional como algo fundamental para una buena salud mental.
Conocimiento de uno mismo y autoestima
No se trata de "quererte más", que es un consejo que no ayuda a nadie. Me refiero al trabajo concreto de examinar cómo te ves, de dónde viene esa imagen y qué parte de ella es real y qué parte es algo creado a partir de vivencias dolorosas o cosas que te han dicho muchas veces.
Forma de comunicarte y relaciones
La manera en que te relacionas con otros, cómo estableces límites y cómo resuelves los problemas. En estos aspectos, aprender habilidades sociales y a ser asertivo genera cambios que se notan en pocas semanas, y lo he comprobado muchas veces en mis pacientes.
Decisiones y adaptación al cambio
Algunas personas no saben qué es lo que desean. Otras lo saben perfectamente, pero no se dan permiso para elegirlo. Aquí hay que distinguir entre lo que realmente valoras y lo que te han hecho valorar, y aprender a decidir desde una perspectiva más libre.
¿Cómo trabajo el desarrollo personal en Psicocentro Alcázar?
El proceso comienza con una primera consulta de evaluación donde hablamos de las tres preguntas anteriores: qué te impide avanzar, qué tienes para ayudarte, qué quieres modificar. A partir de ahí, creo un plan de trabajo diseñado para ti, con metas específicas que puedas medir.
No utilizo modelos estándar. Cada persona es distinta, y lo que funciona para una puede no servir para otra. Según el caso, combino técnicas cognitivo-conductuales, trabajo con los patrones emocionales, entrenamiento en habilidades o EMDR (si el problema viene de experiencias traumáticas del pasado).
Las consultas son en persona en nuestro consultorio de la Calle Emilio Castelar 29. Normalmente, un proceso de crecimiento personal dura entre 10 y 20 sesiones, aunque esto depende mucho de lo que quieras conseguir y de dónde empiezas.
Si estás pensando en iniciar este proceso y no estás seguro de si es adecuado para ti, la primera consulta sirve precisamente para eso: para ver si tiene sentido continuar y en qué dirección.