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Procesos de Duelo

Procesos de Duelo en Alcázar de San Juan

14 min de lectura Abril 08, 2026
Dos mujeres lloran. Una de ellas llora mientras recibe consuelo

Hay personas que llegan a mi consulta en la Calle Emilio Castelar convencidas de que lo que sienten está mal. Llevan meses sin dormir bien, sin ganas de salir, pensando en alguien que ya no está, y la pregunta que me hacen con más frecuencia no es "¿me puedes ayudar?" sino "¿esto es normal?". Casi siempre la respuesta es sí.

El duelo no es solo llorar en un entierro. Es todo lo que viene después: el silencio en casa, el teléfono que ya no suena con ese número, el primer cumpleaños sin esa persona. Y es también, muchas veces, el proceso que atravesamos cuando perdemos un trabajo, una relación o una etapa de la vida que creíamos estable. Cualquier pérdida significativa activa este proceso.

En Alcázar de San Juan, como en cualquier otra ciudad, la gente suele esperar demasiado antes de pedir ayuda. Se aguanta, se "tira para adelante", se intenta no molestar a los demás. Y el duelo sin atender se complica.

¿Qué es el duelo, de verdad?

El duelo es el proceso de adaptación emocional, cognitiva y conductual a una pérdida. Así de técnico y así de sencillo. Lo que cambia de una persona a otra es la intensidad, la duración y las formas que toma ese proceso.

Elisabeth Kübler-Ross describió en 1969, en su libro On Death and Dying, cinco fases por las que muchas personas pasan al enfrentarse a una pérdida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Este modelo se conoce en todo el mundo y ha sido traducido a 42 idiomas. Es útil como referencia, pero tiene una limitación importante: presenta el duelo como un proceso lineal, y eso no es lo que yo veo en consulta.

Lo que ocurre en la realidad es que una persona puede pasar de la tristeza a la rabia y volver a la tristeza en el mismo día. Puede haber semanas de aparente tranquilidad seguidas de un golpe de dolor repentino. La propia Kübler-Ross reconoció años después que las fases no son necesariamente secuenciales ni universales. Ella misma insistió en que el proceso de duelo no es tan rígido como su modelo inicial sugería.

Trabajo con el modelo de tareas del duelo de William Worden, que me parece más útil en la práctica clínica porque no habla de "fases" por las que hay que pasar, sino de tareas activas que la persona va completando a su propio ritmo: aceptar la realidad de la pérdida, trabajar el dolor, adaptarse a un entorno sin el fallecido y, con el tiempo, encontrar una manera de continuar viviendo sin olvidar.

¿Cuál es la etapa más difícil del duelo?

Mucha gente asume que la más dura es la tristeza, la fase depresiva. Y en muchos casos lo es. Pero en mi experiencia, la etapa que más paraliza a las personas es la negación.

No me refiero a que alguien diga "mi madre no ha muerto" de forma literal. La negación en el duelo es más sutil: seguir comprando para dos personas en el supermercado, no tocar la habitación del fallecido, continuar con los mismos hábitos como si nada hubiera cambiado. Es un mecanismo de protección que el cerebro activa para dar tiempo a asimilar un impacto que, en bruto, sería insoportable.

El problema es cuando la negación se prolonga. He trabajado con personas en Alcázar de San Juan que llevaban más de un año sin poder hablar de su pérdida, sin haber llorado realmente, sin haber abierto una sola caja con las pertenencias del fallecido. Por fuera funcionaban. Por dentro estaban atrapadas.

Un estudio publicado en la Revista Colombiana de Psicología analizó el modelo de Kübler-Ross en mujeres con cáncer y encontró que la negación predice mayores niveles de ira y de depresión posteriores. Cuanto más tiempo se evita el proceso, más se complica.

Dicho esto, no hay una respuesta única. Para algunas personas la fase más difícil es la ira, sobre todo cuando la pérdida ha sido por negligencia médica, accidente o circunstancias que parecen evitables. Esa rabia no tiene dónde ir y acaba afectando a las relaciones y al trabajo.

¿Cómo apoyar a una persona que está en duelo?

Esta es una de las preguntas que recibo con más frecuencia, tanto de pacientes como de familiares que no saben qué hacer. Y la respuesta más honesta es: no hay que hacer tanto como se cree.

Lo que más ayuda no es hablar mucho ni dar consejos. Es la presencia. Estar. Acompañar sin intentar resolver.

Algunos errores frecuentes que escucho en consulta:

  • Decir frases como "ya pasará", "tienes que ser fuerte", "al menos ya no sufre" o "lo tienes que superar". Todas estas frases, aunque vienen de buena fe, minimizan lo que la persona está sintiendo y la dejan más sola.
  • Desaparecer pasado el primer mes. Mucha gente acompaña en los primeros días y luego vuelve a su vida. Pero el duelo intenso suele empezar después del entierro, cuando se acaban las visitas y la persona se queda sola con el silencio.
  • Intentar distraer constantemente. Salir a tomar algo, proponer planes, evitar que la persona piense. Esto no ayuda a procesar, solo pospone.

Lo que sí ayuda:

Preguntar por el fallecido. Dejar que la persona hable de él o de ella. Que cuente anécdotas. Que recuerde. Hablar de quien se ha ido no aviva el dolor, al contrario.

Ofrecer ayuda concreta. No "llámame si necesitas algo" sino "voy a pasarme el martes a las seis, ¿te viene bien?". Las personas en duelo rara vez piden ayuda aunque la necesiten.

Respetar los silencios. No hace falta llenar cada pausa con palabras.

¿Cómo levantar el ánimo a alguien que ha perdido a un familiar?

Esta pregunta tiene trampa. No se trata de levantar el ánimo, al menos no en los primeros meses. Intentar que alguien "esté bien" demasiado pronto es contraproducente.

Lo que sí se puede hacer es ayudar a que la persona mantenga una mínima estructura diaria. Comer a horas, salir a caminar aunque sea diez minutos, no pasar días enteros en cama. No porque eso cure el duelo, sino porque el cuerpo también necesita un mínimo de cuidado para que la mente pueda sostener el proceso.

Una paciente a la que atendí hace unos años, después de perder a su madre con quien había convivido toda la vida, me dijo en sesión que lo único que la ayudó en los primeros meses fue que su vecina llamaba al timbre cada mañana para tomar café. No le daba consejos. No le decía que tenía que salir adelante. Solo tomaba café con ella. A veces hablaban de su madre. A veces no. Esa presencia constante y sin presión fue lo que le permitió no derrumbarse del todo.

Con el tiempo, sí tiene sentido introducir pequeñas actividades que antes eran significativas para la persona: una afición, una salida semanal, retomar el contacto social. Pero siempre sin forzar y sin marcar plazos.

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

El duelo no necesita terapia siempre. Muchas personas lo procesan con el tiempo, con el apoyo de su entorno y sin necesidad de intervención clínica.

Pero hay señales que indican que el proceso se está complicando:

  • Dificultad para funcionar en el día a día pasados varios meses de la pérdida. No dormir, no comer, no poder trabajar.
  • Pensamientos recurrentes de querer reunirse con el fallecido o sentimientos de que la propia vida ya no tiene sentido.
  • Consumo de alcohol u otras sustancias para anestesiar el dolor.
  • Aislamiento total, negativa a salir o a relacionarse.
  • Incapacidad para hablar o incluso mencionar al fallecido sin entrar en crisis.

Cuando aparecen estas señales, la ayuda psicológica no es un lujo ni una señal de debilidad. Es simplemente la herramienta más adecuada para ese momento.

¿Cómo trabajo el duelo en Psicocentro Alcázar?

En mi consulta, el trabajo de duelo empieza por entender qué tipo de pérdida ha tenido la persona y qué relación tenía con quien o lo que ha perdido. No es lo mismo perder a un padre después de una enfermedad larga que perder a un hijo de forma repentina. No es lo mismo un duelo anticipado que uno inesperado.

Utilizo técnicas del protocolo EMDR para trabajar los recuerdos que se han quedado atascados con carga emocional intensa: la imagen de los últimos días, el momento de recibir la noticia, escenas que la persona no puede dejar de revivir. El EMDR permite procesar esos recuerdos de forma que pierdan la carga traumática sin necesidad de "olvidar" lo que ha pasado.

También trabajo con técnicas narrativas y de reestructuración de significado: ayudar a la persona a integrar la pérdida dentro de su historia de vida, no como un punto final, sino como algo que forma parte de quién es ahora.

Las sesiones son individuales, con una frecuencia inicial de una vez por semana, en la Calle Emilio Castelar 29, planta baja, en el centro comercial de Alcázar de San Juan. El centro tiene acceso sin barreras arquitectónicas y cuenta con autorización sanitaria de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Si llevas tiempo cargando con una pérdida que no sabes cómo gestionar, la primera consulta es el paso más difícil. Una vez dado, el proceso tiene su propio ritmo.