Inicio El Centro Recorrido Profesional Áreas de Atención Consultas Frecuentes Psicología Forense
Llámenos
Sobrepeso

Tratamiento de los Trastornos Alimentarios en Alcázar de San Juan

15 min de lectura Marzo 18, 2026
Mujer sentada en el suelo con expresión angustiada mientras mira una báscula, reflejando preocupación por su peso

Me viene a la memoria una paciente de Psicocentro Alcázar que, tras años de sufrimiento, pensaba que su problema era simplemente carecer de fuerza de voluntad. Había seguido seis dietas diferentes, y dos de ellas la habían dejado tan débil que apenas podía trabajar. Cuando la conocí, lo que me contó no era un problema para comer en sí, sino una ansiedad muy fuerte, una relación con la comida llena de culpa y vergüenza, y una imagen totalmente equivocada de cómo era su cuerpo. Tenía un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que llevaba años existiendo, sin que nadie le dijera su nombre ni se lo tratara.

Y esto ocurre con más frecuencia de lo que imaginamos, también aquí en Alcázar de San Juan.

Los TCA no tienen que ver con ser superficial ni con poca personalidad. Son enfermedades mentales reconocidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que tienen consecuencias físicas y psicológicas serias. Según datos de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), entre el 4% y el y el 6% de los españoles y españolas tienen un TCA en algún momento de su vida, y la mayoría tarda entre cuatro y seis años desde que empiezan los síntomas hasta recibir ayuda.

Este artículo responde a las preguntas que más a menudo me hacen sobre los TCA: qué tipos existen, cuál es el más común, cómo se curan y qué nunca hay que decirle a alguien que lo padece.

¿Cuáles son los cuatro trastornos alimenticios más importantes?

Para mis consultas, utilizo la clasificación del DSM-5, que es el manual de diagnóstico que se usa como referencia en psicología clínica. Existen más de cuatro tipos, pero estos son los más habituales y los que suelen generar más confusión:

Anorexia nerviosa

La anorexia implica comer muy poco, tener un miedo enorme a coger peso y ver el propio cuerpo de forma distorsionada. La persona se siente con sobrepeso incluso cuando su peso es bajo o muy bajo, desde el punto de vista médico. Tiene una de las tasas de mortalidad más altas entre todas las enfermedades psiquiátricas, algo que muchas familias desconocen cuando buscan ayuda por primera vez.

Lo que hace que sea tan difícil de tratar es que la enfermedad funciona como una forma de tener el control: dejar de comer da una sensación de dominio y orden cuando el resto de la vida parece un caos. Hay que abordar eso hasta llegar al fondo.

Bulimia nerviosa

La bulimia se caracteriza por atracones frecuentes, seguidos de formas de deshacerse de lo que se ha comido: vomitar, usar laxantes, hacer ejercicio en exceso o no comer durante un tiempo. A diferencia de la anorexia, las personas con bulimia suelen tener un peso normal, lo que hace que la enfermedad pase desapercibida durante años incluso para quienes están más cerca.
La vergüenza es algo muy importante en esto. A menudo me cuentan que llevan años ocultando lo que hacen a todo el mundo, incluso a su familia.

Trastorno por atracón (BED, Binge Eating Disorder)

El trastorno por atracón es probablemente el más frecuente y el que menos atención recibe. Consiste en comer grandes cantidades de comida en poco tiempo, con la sensación de que no se puede parar, pero sin intentar compensarlo después. Es lo que lo diferencia de la bulimia.

La persona no vomita ni deja de comer tras el atracón. En cambio, siente un malestar emocional muy fuerte: culpa, asco hacia sí misma, tristeza. Y ese malestar provoca el siguiente atracón.
Cuando releí un texto que había escrito hace tiempo sobre el peso y la alimentación, describí exactamente este ciclo: comemos para aliviar problemas emocionales, el cuerpo se acostumbra a acumular, y el resultado no es solo físico. El resultado es agotamiento, frustración y una imagen distorsionada del cuerpo.

Trastorno de evitación/restricción de la ingesta (ARFID)

El ARFID es menos conocido, pero afecta sobre todo a niños, adolescentes y adultos que son muy sensibles a las sensaciones que producen los alimentos (textura, olor, etc.) o que han tenido experiencias negativas al comer (como atragantarse o sentir náuseas). La persona evita ciertos alimentos por sus características sensoriales, no porque le tenga miedo a engordar. Esto lo diferencia de la anorexia y dificulta el diagnóstico correcto.

¿Cuál es el TCA más común?

El trastorno por atracón. Los estudios epidemiológicos, incluidos los que recogió Hudson y otros en Biological Psychiatry, lo demuestran constantemente. Se estima que a lo largo de la vida lo tiene alrededor del 3,5% de las mujeres y el 2% de los hombres, lo que supera a la anorexia y a la bulimia juntas.

El problema es que, en general, el trastorno por atracón se confunde con "comer demasiado" o con "no tener disciplina". Por eso muchas personas no lo consideran una enfermedad mental y nunca van al médico. O van muchos años después, cuando ya tienen problemas físicos: obesidad, diabetes tipo participativa, presión arterial alta.

En mi experiencia en Psicocentro Alcázar, es el trastorno que más a menudo llega "disfrazado". La gente no dice "creo que tengo un TCA". Dicen "no puedo dejar de comer" o "sigo comiendo aunque no tenga hambre y no sé por qué".

¿Qué tratamientos hay para los TCA?

Los TCA necesitan una combinación de terapia psicológica, supervisión médica y, en muchos casos, asesoramiento nutricional. Una dieta por sí sola no funciona, y los estudios lo demuestran claramente. Si no se trabaja el componente emocional y el modo de pensar, se recupera el peso y se vuelven a repetir los mismos comportamientos.
Estas son las terapias que han demostrado ser más eficaces:

Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

Según las guías clínicas del National Institute for Health and Care Excellence (NICE), es el tratamiento más recomendable para la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. La terapia cognitivo conductual (TCC) explora cómo nuestros pensamientos, sentimientos y comportamientos están relacionados con la comida, el cuerpo y el peso. Ayuda a descubrir qué provoca los atracones o la restricción alimentaria, y a desarrollar formas más útiles de reaccionar ante esas situaciones. En mis consultas, empleo el protocolo de Fairburn para Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), adaptándolo a cada persona según su trastorno específico y cómo se siente. Para que funcione bien, es esencial que la persona se involucre de verdad en el proceso.

EMDR

El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) es otra técnica. Muchos TCA tienen su origen en experiencias que han sido traumáticas, como abusos, acoso en la escuela, comentarios hirientes sobre el cuerpo en la infancia o familias que critican mucho. El EMDR trabaja con esos recuerdos, que el sistema nervioso ha guardado de forma que causan problemas. Como terapeuta EMDR con un nivel clínico avanzado, he añadido esta herramienta a mis tratamientos para los TCA, y he conseguido resultados que no tenía usando únicamente la TCC, sobre todo cuando la imagen negativa del cuerpo viene de muy joven y está muy arraigada. Cada vez hay más pruebas de que el EMDR ayuda a los TCA; de hecho, Bloomgarden y Calogero (2008) demostraron que mejora la percepción del propio cuerpo tras el tratamiento.

Terapia Basada en la Familia

La Terapia Basada en la Familia (FBT o método Maudsley) se utiliza principalmente con adolescentes que tienen anorexia nerviosa. En las primeras etapas del tratamiento, los padres o cuidadores tienen que asumir una función activa en la recuperación de la alimentación de su hijo. Es un tratamiento intenso que requiere que la familia se forme y se comprometa, pero está muy respaldado por investigaciones, especialmente para adolescentes que llevan menos de tres años con el trastorno.

Terapia Dialéctico-Conductual

La Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) se creó inicialmente para el trastorno límite de la personalidad, pero su método para controlar las emociones es muy bueno para los TCA en los que hay mucha impulsividad y es difícil soportar el malestar. Recurro a técnicas de DBT cuando veo que la persona usa la comida para controlar emociones que no sabe manejar de otra forma, y esto ocurre más a menudo de lo que pensamos.

¿Se necesita hospitalización?

No necesariamente. Se necesita ingresar en el hospital cuando hay un peligro grave para la salud: si el peso es muy bajo y el cuerpo está inestable, si hay problemas de corazón o metabolismo, o si existe riesgo de suicidio. La mayoría de los casos se tratan sin necesidad de entrar en el hospital, como los que ofrezco en Psicocentro Alcázar. Lo fundamental es que el tratamiento sea de un especialista y tenga los distintos niveles de ayuda que necesita cada situación.

¿Qué no hay que decirle a alguien con un TCA?

Esta es quizás la pregunta más útil que me hacen los familiares. Aunque tienen buenas intenciones, si no tienen información, lo que dicen (aunque sea para ayudar) puede hacer mucho daño.

Algunas cosas que no se deben decir son: "Con lo que comen los niños en África, tú que te quejas". Un TCA no es algo que se elija ni una cuestión de perspectiva; este comentario provoca sentimientos de culpa que no sirven para nada. También hay que evitar: "Es que te gusta sufrir" (o cualquier frase similar que dé a entender que la persona disfruta del trastorno o lo mantiene a propósito); nadie elige tener un TCA. "Tienes muy buena cara, parece que estás mejor". Aunque se diga algo positivo sobre el aspecto físico, se refuerza la idea de que el cuerpo es lo más importante. Para una persona con anorexia que se está recuperando, escuchar "estás mejor" puede significar "estás más gorda", y eso puede ser muy perjudicial. "Come un poco más, que no es para tanto". El problema de fondo no es la comida, es el síntoma. Decirle a alguien que simplemente coma más es como decirle a alguien que tiene depresión que "esté más contento". Y tampoco se debe decir: "Eso te pasa por estar siempre a dieta", especialmente en el trastorno por atracón, donde la persona ya se siente muy avergonzada; añadir culpa no sirve de nada. En cambio, sí ayuda preguntar cómo está la persona, escuchar sin juzgar, no centrar las conversaciones en la comida ni en el cuerpo, y ayudar a buscar ayuda profesional si la persona quiere.

La relación entre las emociones y la alimentación

En mis consultas veo continuamente que, detrás de un TCA, casi siempre hay una historia emocional que nadie ha explorado. Ansiedad que se siente como hambre, estrés que lleva a comer sin pensar en lo que se está comiendo, un vacío emocional que se intenta llenar con comida... o, al revés, un control muy estricto de la alimentación para tener la sensación de que al menos algo de la vida está bajo control.

Esto no quiere decir que los TCA sean "solo un problema emocional". Son trastornos complicados que tienen causas biológicas, psicológicas y sociales. Pero sí significa que cualquier tratamiento que no tenga en cuenta el aspecto emocional tiene muchas posibilidades de no funcionar.

En mi trabajo en Alcázar de San Juan, siempre empiezo por lo mismo: entender qué papel juega la forma de alimentarse que tiene la persona en concreto. Ese es el punto de partida que me guía al diseñar el plan de tratamiento.

Tratamiento de TCA en Alcázar de San Juan

Si tú o alguien que conoces tiene alguno de estos patrones, lo primero es consultar a un profesional especializado. No hay que esperar a que el problema sea "lo suficientemente grave". Cuanto antes se empiece el tratamiento, mejores serán los resultados, y esto está demostrado tanto para la anorexia como para el trastorno por atracón.

En Psicocentro Alcázar, en la Calle Emilio Castelar 29 (planta baja), ofrezco evaluación y tratamiento especializado para trastornos de la conducta alimentaria. El centro es accesible, sin barreras arquitectónicas, y está autorizado y registrado como Centro Sanitario en el Registro de Centros, Servicios y Establecimientos Sanitarios de la Consejería de Sanidad y Asuntos Sociales del Gobierno de Castilla-La Mancha (número de registro repaso 1306926/1308613).

El primer paso es una evaluación completa para determinar de qué tipo de TCA se trata y qué intervención es la más adecuada. A partir de ahí, trabajamos con un plan personalizado.